lunes, 15 de julio de 2024

SEreS y eSTaReS


 

Mis muy avezados lectores; o mis lectores más contumaces, en su defecto; se habrán dado cuenta de que escribo mucho sobre el peliagudo asunto de la identidad. Se ve que me preocupa cuál es mi esencia: pienso mucho en el superbala que soy, en el que fui, en el que (probable o improbablemente) me convertiré. Qué detalles de mi (poliédrica, como la de casi todos) personalidad permanecen en el tiempo, y cuáles se manifiestan fútilmente, como una especie de vendaval que azota mi cuerpo, mi mente y mi corazón durante un periodo más o menos breve, desapareciendo en el paisaje de mi existencia como un fenómeno atmosférico de consecuencias excelentes o devastadoras. El Javi que creo que soy; el Javi que vosotros veis; el Javi que aspiro a ser. Todas esas quisicosas que (creo yo, igual me equivoco) a veces nos planteamos los seres humanos, durante la incansable búsqueda de nuestro lugar en el universo (o lo que sea esto). Que no es una cuestión que me desasosiegue sólo a mí lo tengo clarísimo: si lo pensáis bien, muchas pelis (casi todas las de Disney, sin ir más lejos) giran en torno a este resbaladizo asunto: la Sirenita soñaba con tener piernas y adquirir una nueva entidad; Aladinn anhelaba convertirse en un triunfador; Simba lidiaba con la conflictiva aceptación de su papel como heredero al trono; Mulan, Vahiana, Elsa, Hércules, Bella (y Bestia)… Cada cual emprendió un corajudo camino para defender, descubrir, aprehender o reivindicar su genuina identidad como human being  (o lo que cada uno sea o se considere). Algunos encontraron sus respuestas allí donde las buscaban, y otros terminaron en lugares absolutamente alejados de los que habían imaginado. Si, en ese éter de fantasía que ellos y ellas habitan, siguen siendo los mismos; o se han convertido en estrellas del tiktok (por poner un ejemplo muy de actualidad), es algo que nunca descubriremos, por desgracia. Pero entra dentro de lo posible, porque lo que somos hoy podemos no serlo mañana. Y lo que deseamos hoy, y lo que deseamos mañana, tampoco. Quizá Kristoff trabaje en la actualidad como gogó en una disco de ambiente. Podría ser. Yo pagaría por verlo. Literalmente

La mutabilidad (quiero creer) forma parte de nuestro ADN, muy afortunadamente. Y también confío en que hay en nuestro corazón una especie de esencia; un no se qué difícilmente definible, que nos acompaña a lo largo de nuestra vida y nos define, nos concreta y nos manifiesta. A lo mejor en eso consiste el alma, vaya usted a saber. El equilibrio entre eso tan abstracto e intangible que permanece; y las diferentes (y a veces muy contradictorias) cualidades que coyunturalmente nos adornan en periodos más o menos extensos, resulta en ocasiones difícil de encontrar. Distinguir lo perenne de lo accesorio me cuesta cierto trabajo, en ocasiones. Tanto en mí mismo como en los demás. Y eso me da mucho coraje, porque juzgar a mi propia persona (o al resto) por lo que demuestro en un momento concreto suele degenerar en grandes injusticias. O en análisis incompletos, limitados e ineficientes, como mínimo.

Por eso (y por otras muchas razones) me gusta tanto el idioma español, que tan grácilmente ejecuto. En nuestra lengua (no ocurre en otras) contamos con los verbos (si es que lo son, de esto habría que debatir en otro momento) “ser” y “estar”. La diferencia entre ambos puede parecer sutil, pero que no lo es, en absoluto. Porque no es lo mismo “ser triste” que “estar triste”; no tiene nada que ver “ser desafortunado” con “estar desafortunado”; y podría poner otros cientos de ejemplos más.

En este momento de mi vida, ya al borde de los diez lustros (lo digo así para no decir “a punto de convertirme en cincuentón, que queda mucho más feo); reivindico nuestro derecho a “estar” de determinada manera en determinados momentos, sin que eso tenga necesariamente que definir lo que “somos”, ni invitar a nadie a juzgar nuestra esencia por determinados accidentes (en el sentido más aristotélico del término “accidente”) de nuestra personalidad. Ya está bien de tanta extrapolación, tanta simplificación y tanta falta de empatía, leches. Que vamos haciendo lo que podemos, y estando como buenamente nos dejan. Sin  más.

Lo que yo sea o no sea, los que me estáis leyendo lo sabéis de sobra. En cuanto a lo que “estoy”… Pues estoy disfrutón; alegre; jovial (en espíritu, al menos); disponible para la alegría, la farra y el disfrute; un poco tocapelotas y fácil para el debate y la discusión, siempre desde el buen rollo; con ganas de descubrir y de admirar y de pasármelo bomba. Aunque todo estoy, ahora que lo pienso, igual es gran parte de lo que soy. Lo dejo a vuestro criterio.

Por otra parte, se me presenta un verano tela de vertiginoso, con encuentros y reencuentros; acontecimientos sorpresivos y otros muy bien previstos; amistad, cerveza, familia, algo de playa, mucho cachondeíto, buenas canciones… ¡hasta una boda insospechada!; y algunas otras vivencias muy enriquecedoras que no quiero desgranar por aquí (ya os las contaré en persona, dada mi proverbial incontinencia). Disneyland, Málaga, Sevilla, Bali, Granada, Estambul. Hay un aroma de aventura en el horizonte; la brisa agita las velas de mi navío; hasta la "tormenta" que me asalta es una auténtica fiesta. ¿Qué más podría esperar? Que Abba saque un disco nuevo. Ya por pedir…

Postada: En la foto, el Javi que una vez fui. ¿Queda algo de él en mí? Mucho, supongo. En el fondo tampoco he cambiado tanto.