Uno se va construyendo día a
día, beso a beso, abrazo a abrazo. Golpe a golpe, también. Lo que
yo soy - pienso ahora - es resultado de la suma de muchas
influencias. En realidad, más que la suma, diría que es el
producto, porque hay situaciones que multiplican exponencialmente los
sentimientos, las ideas y las capacidades que ya estaban ahí,
incipientes, en lo más profundo de mi carga genética. La educación
que me ofrecieron en la infancia; los afectos y desafectos que ya
viví; las consecuencias de las distintas encrucijadas a las que me
enfrenté; las presencias y las ausencias; el influjo (lacerante –
pocas veces – y enormemente enriquecedor – las más - ) de las
personas que me han ido acompañando: todo eso soy yo, resumido y
concentrado en un pequeño cuerpo, a veces muy frágil, a veces
fortísimo. Así lo siento hoy, al menos: mi identidad (o mis
identidades, que son, contradictoriamente, una y muchas) se han ido
forjando con el correr de los años (45 serán, dentro de nada),
hasta construir al Javi que conocéis y (afortunadamente, muchos)
amáis. En determinado momento; a determinadas edades, uno sabe más
o menos quién es: cuáles son sus valores; qué virtudes admira, y
qué actitudes desprecia; con quién quiere juntarse, y con quién
no. Subrayo lo de “más o menos”, porque la tarea del arquitecto
no termina nunca (al menos, eso deseo yo), y siempre quedan
arbotantes, gárgolas, ventanales y fornituras que sumar a la
catedral (qué pomposo) de nuestro ser. Pero cierta base; la
estructura fundamental; los pilares que nos definen y nos distinguen
del resto de seres humanos que habitan este abarrotado mundo nuestro,
ya están ahí. Y, si nos gustan, permanecen.
Aun ocurriendo todo eso
así, como lo describo más arriba; sucede que en ocasiones, nos
perdemos. Así me he sentido yo, durante bastante tiempo. Bueno, no;
perdido no. Olvidado de mí mismo; agazapado; adormecido; entregado a
causas y objetivos y deseos que no son los míos. Sé a ciencia
cierta que hay más gente que se siente así, o que ha pasado por ese
trance alguna vez en su vida. Nuevamente, resulto poco original. En
mi caso, ese periodo ha durado algunos años, y ha sido progresivo:
he ido desdibujándome, relagándome; encerrando mi yo más auténtico
(con su carga de afectos, de sentimientos, de expresiones, de
cualidades y de brillo) en un lugar oscuro por mor de…. Bueno,
vamos a dejarlo ahí: “por circunstancias que no vienen al caso”
(expresión ésta que uso yo mucho cuando quiero evitar hablar de
determinados asuntos). Seguro que much@s
de mis lector@s saben a lo que me
refiero. ¿El motivo? Podría decir que lo he hecho por amor, pero
mentiría. Ha sido por miedo. Puro y simple miedo, en su versión más
progresiva y paralizante. A través del miedo se pueden obtener
muchas cosas de mí, esto lo he dicho yo siempre, porque es así.
Muchas. Muchísimas. Hasta mi cuasi-desaparición. No es un buen
camino, en cualquier caso. Al menos, no es un camino que yo recorra
felizmente. Me deja muchas lesiones.
De esta época oscura (sin
dramatismos) no me apetece nada hablar. En cambio, sí quiero decir
que tengo la firme voluntad de reencontrarme. Y reencontraros. Está
siendo un trabajo un poco lento, porque el Javi de siempre (el que
soy, el que conocéis, el que quiero ser) está sepultado bajo
algunas capas de vertidos tóxicos que tienen efecto a medio –
largo plazo. Vivir en Chernóbil ha sido solo responsabilidad mía, y
salir de allí, también. En ello estoy, debo purificarme de tan
altas dosis de radiación. Y esta vez quiero – necesito – hacerlo
bien: sin escapar, sin huir, sin adormecerme. Sin sustituir una
sustancia tóxica por otra. Me veo capaz, y capataz. Con la ayuda de
toda esa gente que, milagrosamente, me ama, seguro que lo consigo.
En ese camino, trato de
recuperar asuntos míos que tenía abandonados. Releo mis textos
antiguos, recuerdo emociones pasadas… y retomo este blog. Escribir
este texto de hoy (que quizá solo me importe a mí) significa, en
algún sentido, volver a casa. A mi cybercasa.
Espero que os alegre mi
regreso.

De "milagrosamente me ama", nada de nada. Te amamos pq eres un ser precioso, cariñoso, simpático, inteligente, honesto,... Y así hasta el infinito y más allá. Y los q te amamos estamos encantados de reencontrarte pq nos dolía verte perdido, por un camino q no era el tuyo. Bendito blog retomado; bendita escritura maravillosa; bendito tú reencontrado; y sobre todo, benditos nosotros por tenerte y poderte querer. Muchisisísimo.
ResponderEliminarAmén Jesús
Eliminarescribir esto importa a muchas más gente de lo que tú te crees...
ResponderEliminarIgual sí...
EliminarQuerido Javi, la invasión de un "extraño" en tí "por mor"..., ¡Ay, cuánto resuena esto! Ahora solo resta elevarse para alcanzarse a uno mismo. Las alturas favorecen otras miras. Si necesitas algo durante el vuelo ya sabes donde encontrarme. Un besazo
ResponderEliminarAy! Gracias, pero... ¿Quién eres?
EliminarQueridísimo amigo: Yo feliz de leerte de nuevo y con todo. Venimos a este mundo a compartirnos, y en este camino mío yo te reencontré hace muchos años (porque las almas se reconocen de otras vidas) y seguimos caminando juntos con todo lo vivido, que nos enriquece sea como sea. Deseando abrazarte y como siempre, que cantes conmigo, cosa que nos eleva del mundanal ruido. La música es amor buscando palabras, como tú. Te quiero mucho, ya lo sabes.
ResponderEliminar